

Sergio Hernández
La pared que sobrevive, la mancha que fue casa.
- Año2014
- TécnicaMixta sobre plomo
- Medidas100 x 190 cm · con marco 105 x 195 cm
- ReferenciaGCHS26748
Atención personal en galería, de 10:00 a 18:00 h. Marconi 2-2, Centro Histórico, Ciudad de México.
Sobre la obra
Un pueblo sobre plomo
El plomo guarda. Guarda la luz que no devuelve, guarda lo que se le confía y lo vuelve lento. Metal de los alquimistas y de las cajas que encierran lo que no debe salir, pesa en la mano y en la mirada. Sergio Hernández lo trabaja desde hace años como quien labra una tierra difícil, y en esta pieza de 2014 lo convierte en el suelo de un pueblo.
Sobre el metal, rayadas más que pintadas, se levantan unas cuantas chozas: techos a dos aguas, muros de un solo trazo, una calle que apenas se insinúa entre ellas. El color entra por las grietas —rojos de teja y de sangre seca, azules de puerta recién pintada, ocres de adobe— y se queda ahí, bebido por la superficie, como entra el agua en una piedra. Podría ser un caserío de la Mixteca al mediodía, con el sol blanqueando los muros, o su recuerdo después de muchos aguaceros: la pared que sobrevive, la mancha que fue casa, la línea que fue camino.
El pintor dibuja con la punta, como se escribe en un códice, y deja que el plomo ponga el silencio. De ahí viene la extraña serenidad de la obra: el pueblo, más que representado, parece inscrito, grabado en una materia que no olvida. Las incisiones recuerdan la escritura de los antiguos libros pintados; las manchas, la memoria de la lluvia sobre las lápidas. Se diría que la obra fue encontrada y no hecha.
Mirada de cerca, la superficie revela su oficio: capas que se raspan, veladuras que se retiran, un metal que acepta el color a regañadientes y lo devuelve apagado, como visto a través del tiempo. Es la pintura entendida como geología: cada estrato cuenta una edad, y el pueblo que emerge al final es el que queda cuando todo lo demás se ha ido.
Dossier digital
Un pueblo sobre plomo
Sobre el artista
Sergio Hernández (Huajuapan de León, Oaxaca, 1957) estudió en la Escuela Nacional de Artes Plásticas y en La Esmeralda; hacia 1985 aprendió gráfica en el taller de Peter Bramsen, en París, con la orientación de Francisco Toledo. Su primera influencia fue Tamayo. Trabaja fresco, óleo, gráfica, hoja de oro sobre madera y plomo; sus asuntos van de los códices y presagios de la Conquista a la mitología y la naturaleza. Es una de las voces mayores de la pintura oaxaqueña contemporánea.

